No me he despertado todo lo pronto que quería, pero la pereza no ha podido con los planes y después de desayunar acompañado de un diluvio en Gavá, he cogido el coche dirección al paraiso Puigcerdá. De camino a la Cerdanya no las tenía todas conmigo. El cielo estaba bastante encapotado, pero ha sido pasar el túnel y encontrarme una atmósfera despejada y azulada. ¡Triunfada! A las 11:00 am me he puesto a dar pedales dirección Puyvalador para atacar Pailhères, pero la dirección del viento en estos primeros compases me han hecho replantear la ruta.
El aire me ha golpeado de cara y con él ha ido arrastrando un frondoso manto de nubes que empezaba a teñir de blanco grisaceo las cumbres. Así que me he dado media vuelta, e impulsado por la brisa me he dedicado a buscar alternativas desconocidas como el Col de la Llose situado a 1866 metros y completamente virgen de tráfico.
Desde lo alto he descendido hasta Aiguatebia para rehacer la subida de 11 kilómetros. ¡Una maravilla de puerto! Después he ido hasta el Lac des Bouillouses, otro regalo de la naturaleza.
¡Me van a ver muy a menudo por estos parajes de entrenamiento. Al final he completado un entreno de 120 kms en 4h10' sin ninguna parada y capeando al temporal en todo momento.

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