Ha llegado el momento de la distensión. De salir con la única y exclusiva conformidad de disfrutar. Ha llegado el momento del mountain bike. Salidas sin la contaminación asfáltica y sin los encontronazos con algún que otro conductor guerrero. Salidas en las que la habilidad se va adquiriendo a base de torpezas y en las que la simbiosis con la bici de montaña va adquiriendo cotas cada vez más elevadas. Hoy ha sido una salida solitaria, con 3 horas de sufrimiento placentero, con súbidas escuchando los estertores de los pulmones y gozando una vez más del increíble marco paisajístico que ofrece la trialera de la perrera.

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