Por fin un día soleado, despejado, sin viento y con una temperatura perfecta. Ingredientes perfectos para encarar la subida al Rat Penat. Con esta idea he salido del Prat y tras unos primeros compases rodando por la autovía, me he visto encarando sus punzantes y venenosas rampas.
Me he encontrado fráncamente bien. El entreno de ayer no ha rebrotado en forma de queja, se asimiló a la perfección.
Y tras coronarlo he desecho el trayecto para llegar de nuevo al trabajo con 2h01' y 62 kilómetros. Eso sí, el último cuarto del entreno empezaba a ir bastante vacío. Ayer la báscula reflejó un 61,4 kg. Demasiado fino a estas alturas...
Pensando en Flandes, he buscado el canalón

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