Gusta la bici, gusta muchísimo. Pero el calor empieza a ser asfixiante y el ánimo cuesta impulsarlo. Pero una vez ganada la batalla a la pereza, todo cambia.

Y aunque el sudor abrillanta las piernas y el maillot abre su puerta, el placer de rodar y de toparme con nuevos caminos, incluso en estas zonas que tengo realmente pateadas bien vale un poco de sufrimiento caluroso. Tres horas de rodaje bebiendo brebaje ardiendo del botellín.


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada