Si el Mont Ventoux fuese una pintura, sería La Joconde. Poco importa que te desplaces de derecha a izquierda, no hay artimaña, ni magia que pueda evaporarte de su mirada. Y quizás esta indiscreción le hace tan seductor. Su altiva, majestuosa e inexpugnable estampa le confiere la categoría de Majestad en el país de la República. Él no necesita un séquito rocoso a su alrededor que le proteja. Sus raíces están solidificadas en tierra provenzal y ni siquiera el ejercito Mistral, disparando a gran velocidad, ha podido doblegarlo. El Mont Ventoux es Omnipotente y precisamente esta categoría supranatural es la que proporciona al ciclista empuje cuando se clava y coraje cuando le falta el aliento. Sus 22 peldaños vertiginosos son el purgatorio en los que purificamos nuestras desdichas, quemamos nuestra saliva, abrasamos nuestro sudor y conquistamos la puerta del Cielo. Porque así es el Mont Ventoux, una divinidad terrestre que nos brinda el paraíso a los mortales.





5 comentarios:
Muy guapo! no tu...la subida ! ;D
Oscarjet, a mi lado siempre se sale favorecido;)
hehe, joder que envidia el mont ventoux tio..cuando pueda me lo hago!
¿Se te pusieron de punta?, porque a mi si, solo de leerlo.
Talín, "la bomba" estaba demasiado agotada para dar el último empuje emocional a mis pelos. Intenté animarla: "¡Vamos un último esfuerzo, haz que se pongan de punta!" Y puedo asegurarte que "la bomba" lo intentó, pero se quedó en una más que notable traducción de gallina de piel;) UNA MARAVILLA.
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