Poesía para ciclistas. Flandes es el Molenberg, el Muur-Kapelmuur, el Koppenberg. Esa subida terrible, resbaladiza, embarrada, la del pie a tierra y bicicleta a la espalda, en la que apretamos los dientes, en la que el público te alienta, te anima y te empuja, unas rampas diabólicas para el ciclista, un suspiro fugaz e intenso para el espectador. Para entender Flandes hay que subir a pie el Koppenberg, una tachuela de escasos 600 metros de longitud, un techo de apenas 77 metros de altitud. Llueve, resbala y sobre el pavé mojado y embarrado te arriesgas a lamer el suelo. Un culote desgarrado, un maillot enlodazado, un ciclista golpeado, se incorpora y avanza como un pingüino lejos de su habitat, pasos torpes, las calas no están hechas para andar, se apoya en la valla, una mano voluntaria le da el golpe de gracia.

Tracciona de nuevo, abandona la sala de tortura. El norte no conoce perdedores. Para algunos las escenas más emblemáticas del ciclismo se protagonizan en las altas montañas de los Alpes y Pirineos, para otros la foto en blanco y negro de una montaña de 77 metros abarca toda la luz de colores del auténtico ciclismo. Ronde van Vlaanderen 2010 un punto y seguido, una correría en compañía de buenos amigos. Hunchback Society Barcelona y Velo Club Roulaix de la mano por el circuito de las Clásicas. Un viaje con el excelente perfume del territorio conquistado, una batalla sin bajas y con el mejor de los epílogos firmado por el pueblo de Flandes. Ronde van Vlaanderen 2010, poesía para ciclistas.

Así se vive la Ronde van Vlaanderen. Pantalla gigante en la Plaza. ¡Festival ciclista!

