Las vacaciones o mal dicho días de descanso, me están sirviendo para desconectar de la bici y conectarme de nuevo a las zapatillas. Plantarse en la puerta de casa con las maletas y el maletón para poner rumbo al destino escogido no siempre es comprensible. Así que las dos ruedas se han quedado en su destino de origen y entre bañadores, pareos y cremas he podido camuflar alguna que otra prenda de running.

Gala:-"Cariño, con el calor que hace, no sé como puedes ir a la playa con calcetines y esas bambas"
Yo:-"Angelito me he dejado las Crocs en Barcelona, y sabes de sobra que con esas chanclas del dedo avanzo menos que Pascual en la Maratón del Ironman de Niza"
Respuesta argumentada por mi parte, respuesta más/menos comprendida por Gala y respuesta que trae consigo una segunda interpretación que también ha sabido intuir Gala;)

Así que entre parásito man de cara, parásito man de espaldas y parásito man en remojo, me he escapado cada día un ratito para completar dos sesiones de 12 y 18 kilómetros.
Y mira por donde que con la llegada de la noche, después de haber pasado por la ducha mis pies buscan las chanclas del dedo para ir a cenar. La noche nos confunde y nos disfraza y mientras la fauna se coloca gorros de cawboy, gafas de sol para la noche (menuda contrariedad) un modesto triatleta sale a remojarse en algún que otro mojito en chanclas de dedo.